Legislación europea vs. legislación nacional: un problema de fondo

El pasado año 2015, la Comisión Europea se comprometió a acoger a 170.000 refugiados pero, debido a la negativa de algunos Estados Miembros así como la lentitud en la respuesta de las instituciones europeas, el conjunto de los 28 estados de la Unión Europea a duras penas han acogido hoy en día, un año después del inicio de la crisis humanitaria, a 1000 personas refugiadas.

Lejos de entrar a debatir sobre la cantidad numérica o la necesidad o no de acoger a personas refugiadas, lo importante de este debate es destacar cómo desde el inicio de la crisis los gobiernos nacionales, pero también las otras administraciones pero muy especialmente los medios de comunicación y las entidades y asociaciones han acusado de manera insistente a la Unión Europea como causante de la falta de respuesta a esta crisis.

Sin embargo, ¿Qué tiene de cierto esta afirmación de culpabilizar a la UE? En realidad, volvemos a estar ante una nacionalización de los éxitos europeos y a una europeización de los fracasos nacionales.

No estamos aún ante esa Unión Europea de un solo gobierno de los 28. No estamos aún ante esa UE con un sistema claro de Gobierno-Parlamento-Senado. Si no que estamos ante una UE cuyo rumbo aún depende en gran medida de la decisión de los Estados, lo que comporta que, cuanto más grande es el club, más intereses hay y más dificultad hay para encontrar soluciones comunes. Con este fin, ya el Tratado de Lisboa introdujo el fin, para contadas ocasiones, de la unanimidad (o de lo que es lo mismo, del veto de los estados), pero aún así seguimos viendo que parte de la ineficacia de las instituciones europeas se debe, por tanto, a la falta de poder de decisión propio que mire únicamente por el interés comunitario general.

No estamos ante una novedad. La realidad es que gran parte de la normativa nacional de los estados europeos proviene de manera directa o indirecta de la Unión Europea. Sin embargo, en gran parte de las veces no somos conscientes. 

No somos conscientes porque no se nos explica así, pero también por la gran complejidad que supone explicar el complicado entramado legal e institucional de la Unión Europea. Esta dificultad implica, por ejemplo, que se culpe de manera constante a la UE de todos los defectos de Europa, cuando en grandes ocasiones muchas de las decisiones se toman en el Consejo Europeo, pero no en el Parlamento Europeo, cuando el Parlamento Europeo también forma parte de esta Unión Europea.

Leyes tan comunes para los mortales europeos como nuestras leyes de privacidad y protección de datos; de caducidad de los productos; de contaminación de los vehículos; de la inspección técnica de los vehículos;  de la eliminación del roaming; y un largo etcétera, son todas leyes que tienen su origen en actos legislativos europeos.

La tendencia centralizadora actual de los Estados Miembros, que miran por sus propios intereses pero no por los intereses generales y comunitarios, junto a las continuas crisis europeas que se acumulan ya desde hace años, hacen más que necesario que nunca una transformación a fondo de la actual Unión Europea.

La Unión Europea es la base de mucho de lo disfrutamos en la actualidad. El impacto de esta organización internacional especial sobre la vida de todos los europeos es enorme, no solo en el ámbito económico y empresarial, sino también en el ámbito cultural y en el ámbito de las libertades y derechos humanos.

A cada crisis europea y mundial, nos volvemos a dar cuenta que cuando los Estados miran por su propia cuenta y no lo hacen de manera conjunta con los países vecinos, no llegan a ningún sitio. Los problemas que hoy en día tenemos, y los que tendremos, solo podrán resolverse si los países europeos actuamos de manera conjunta.

 

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Legislación europea vs. legislación nacional: un problema de fondo

No somos conscientes

No somos conscientes. LLevamos tarjetas con chips, tarjetas con bluetooth, móviles, ipods, ipads, relojes inteligentes, pulseras inteligentes, coches con gps, ordenadores con geolocalización, etc, etc, etc, nos encanta estar comunicados, colgar nuestras fotos, enviar nuestras localizaciones, saber nuestras pulsaciones y compartir con todo el mundo los lugares por donde corremos. Pero no somos conscientes de la cantidad de información que llegamos a transmitir en abierto. Nos compramos pulseras y relojes apple que miden nuestras pulsaciones y que también, por tanto, miden nuestra salud. Compramos webcams y ordenadores con cámaras integradas sin leer las condiciones de protección de datos. En definitiva, transmitimos y transmitimos datos personales y sensibles sin ser conscientes.

He encontrado este vídeo reciente en youtube muy interesante que nos da una idea de la situación actual. ¿Hacia dónde vamos?

No somos conscientes

Día Europeo de la privacidad

El pasado 28 de enero se celebró en toda la Unión Europea el Día Europeo de la privacidad. Como bien dice la Agencia Española de Protección de Datos, con este día europeo se pretende concienciar a la ciudadanía de sus derechos así como de promover el conocimiento general de las políticas de protección de datos existentes.

Este año, además, se ha querido concienciar especialmente sobre el internet de las cosas y el big data. Y es que estos nuevos conceptos, que pasan desapercibidos para la mayoría de las personas, van a convertirse en elementos centrales (o deberían) de la política de protección de datos de los ciudadanos europeos.  Se trata de conceptos interrelacionados entre sí, presentes en nuestra vida cotidiana y que plantean importantes retos de privacidad.

Es posible que no nos demos cuenta pero constantemente utilizamos aplicaciones, programas, objetos, coches, e incluso electrodomésticos que transmiten datos, e incluso compramos relojes y pulseras que transmiten datos sanitarios a aplicaciones online. ¿Hemos dado consentimiento? ¿Sabemos cómo se protegen estos datos? ¿Sabemos quien es el responsable de estos datos? ¿Nos leemos la política de privacidad? Para la mayoría de los mortales todo esto es desconocido, especialmente los requisitos que las leyes de privacidad europea imponen.

Es cierto que un dato por sí mismo puede no revelar información sobre el perfil de una persona determinada. Sin embargo, la acumulación de estos datos o bien la mezcla con otros datos, sensibles o no, podrían perfectamente identificar a una persona o bien señalar un patrón de comportamiento determinado. 

El futuro aun depara más incógnitas. ¿Qué pasará con las Google Glasses? Si aplicáramos la ley actual, en principio nadie tendría que grabarnos al menos que tuvieran nuestro consentimiento expreso y, en según qué condiciones, habría que señalizar la presencia de cámaras. ¿Van a llevar las Google Glasses un cartel informando de nuestros derechos? ¿Nos van a pedir consentimiento para grabarnos? ¿Llevarán las Google Glasses un cartel informando de medios de grabación?

Sin suda, el futuro aun será más incierto de lo que ya es en la actualidad, pues todo un mundo aun está por descubrir. Habrá que esperar para ver cómo evoluciona el mundo tecnológico, como evoluciona el futuro Reglamento UE de protección de datos y el futuro TTIP. Y lo más importante, habrá que esperar para ver cuánta de nuestra privacidad estamos dispuestos los ciudadanos a ceder para disfrutar de cierta tecnología.

Día Europeo de la privacidad