¿La cooperación reforzada como anticipo de la Europa a dos velocidades?

Estos días se habla mucho sobre la posibilidad de que la Unión Europea tome un nuevo rumbo y se posicione hacia una Europa a dos o varias velocidades. Para quien no sepa a qué nos referimos con estos términos, la Europa a varias velocidades vendría a ser la posibilidad de que varios países asuman más competencias mientras que otros países no, a voluntad de cada Estado Miembro.

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Para entender si esta nueva visión de la Unión Europea es o no es positiva, hay que hacer un muy breve repaso evolutivo de la UE sobre su proceso legislativo y toma de decisiones:

En los casi 70 años de vida de la Unión Europea ésta ha sufrido numerosos cambios lógicos en base a asumir nuevas competencias y, sobre todo, en base a la intregración de nuevos estados. La UE ha pasado de 6 países fundadores a 28 países (27 en breve con el Brexit). Si en un principio la adopción de decisiones conjuntas podía ser más o menos sencilla, parece evidente que cuantas más países, y por tanto, más opiniones y más diferencias, la adopción de decisiones se haya ido complicando con el tiempo. No es lo mismo tomar una decisión con seis voces cantantes que con 28 voces, más especialmente teniendo en cuenta la actualidad de los tiempos, en los que los estados tienden a pensar en base a un interés nacional y no comunitario o europeo.

En este sentido, la UE ya predijo que algo similar podía pasar y ya se introdujeron algunos pequeños cambios en la legislación europea. El Consejo Europeo, por ejemplo, eliminó la unanimidad para algunas de sus decisiones. Y, sobre todo, se introdujo la cooperación reforzada.

La cooperacion reforzada es un mecanismo establecido en la legislación europea (art. 20TUE) que permite a ciertos Estados Miembros avanzar en ciertos asuntos independientemente del resto de Estados Miembros de la UE. Es decir, este mecanismo permite que varios países adopten decisiones conjuntas sin necesidad de contar con el resto de Estados Miembros. A pesar de su introducción en 1997 no ha sido hasta 2010 cuando se ha empezado a materializar.

Veamos qué dice el TUE  :

Art. 20TUE

1. Los Estados miembros que deseen instaurar entre sí una cooperación reforzada en el marco de las competencias no exclusivas de la Unión podrán hacer uso de las instituciones de ésta y ejercer dichas competencias (…)

La finalidad de las cooperaciones reforzadas será impulsar los objetivos de la Unión, proteger sus intereses y reforzar su proceso de integración. (…)

2. La decisión de autorizar una cooperación reforzada será adoptada por el Consejo como último recurso, cuando haya llegado a la conclusión de que los objetivos perseguidos por dicha cooperación no pueden ser alcanzados en un plazo razonable por la Unión en su conjunto, y a condición de que participen en ella al menos nueve Estados miembros.(..)

3. Todos los miembros del Consejo podrán participar en sus deliberaciones, pero únicamente participarán en la votación los miembros del Consejo que representen a los Estados miembros que participan en una cooperación reforzada. (…)

4. Los actos adoptados en el marco de una cooperación reforzada vincularán únicamente a los Estados miembros participantes. Dichos actos no se considerarán acervo que deban aceptar los Estados candidatos a la adhesión a la Unión.

Como vemos, por tanto, este mecanismo viene a establecer una Unión Europea dentro de la Unión Europea para los países que deseen aún más integración frente a los países que o no desean seguir avanzando o bien quieren dar marcha atrás.

En realidad, junto a este mecanismo existen otros mecanismos que permiten a algunos Estados no avanzar junto al resto de Países. Reino Unido, por ejemplo, tenía numerosos opt-outs, que son excepciones al cumplimiento de los tratados, hecho que hace aun más inquietante el brexit y que nos provoca a hacernos algunas preguntas: ¿por qué los estados más reacios a la integración europea no optan por este mecanismo y evitan así bloquear el avance del resto de Estados?

En la práctica la Europa a dos o varias velociades ya existe. Bien a través de la cooperación reforzada o bien a través de los opt-outs. La diferencia ahora es que algunos Estados Miembros se han pronunciado de manera clara a favor de este mecanismo, hecho que hace temblar el significado de unión y la tradicional toma de decisiones unitaria. A pesar de que la cooperación reforzada se estableció como un último mecanismo, como una última vía, todo parece indicar que pasará de última vía a la plena rutina diaria.

Quizás asumir que la nueva Unión Europea tendrá diferentes escalones de integración con diferentes núcleos sea díficil en el sentido que rompe con la propia esencia de la UE, pero en la práctica la esencia de esta Unión Europea lleva ya años rota: divisiones constantes en la toma decisiones e incumplimiento constante de algunos Estados.

Con esta nueva Europa a dos velocidades surgiran nuevos retos: ¿se utilizará fehacientemente el mecanismo? ¿se abusará del mecanismo para evitar ciertas votaciones que requieren unanimidad o mayoría cualificada? ¿verán el resto de Estados este mecanismo como una amenaza? ¿se crearan dos Uniones Europeas?

Con el tiempo veremos hacia donde evoluciona la Unión Europea, que para bien o para mal, tiene que evolucionar, ya que la situación actual con 28 voces e incapacidad decisoria no beneficia a nadie.

El mundo necesita una nueva Unión Europea con una sola voz, con competencias claras,  que apueste por una defensa y espacio Schengen común, que recupere su esencia solidaria y acogedora, y que se crea de una vez que para influenciar el mundo la unión política es igual o más necesaria que la unión económica. ¿Se conseguirá con esta nueva Unión Europea?

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¿La cooperación reforzada como anticipo de la Europa a dos velocidades?

Legislación europea vs. legislación nacional: un problema de fondo

El pasado año 2015, la Comisión Europea se comprometió a acoger a 170.000 refugiados pero, debido a la negativa de algunos Estados Miembros así como la lentitud en la respuesta de las instituciones europeas, el conjunto de los 28 estados de la Unión Europea a duras penas han acogido hoy en día, un año después del inicio de la crisis humanitaria, a 1000 personas refugiadas.

Lejos de entrar a debatir sobre la cantidad numérica o la necesidad o no de acoger a personas refugiadas, lo importante de este debate es destacar cómo desde el inicio de la crisis los gobiernos nacionales, pero también las otras administraciones pero muy especialmente los medios de comunicación y las entidades y asociaciones han acusado de manera insistente a la Unión Europea como causante de la falta de respuesta a esta crisis.

Sin embargo, ¿Qué tiene de cierto esta afirmación de culpabilizar a la UE? En realidad, volvemos a estar ante una nacionalización de los éxitos europeos y a una europeización de los fracasos nacionales.

No estamos aún ante esa Unión Europea de un solo gobierno de los 28. No estamos aún ante esa UE con un sistema claro de Gobierno-Parlamento-Senado. Si no que estamos ante una UE cuyo rumbo aún depende en gran medida de la decisión de los Estados, lo que comporta que, cuanto más grande es el club, más intereses hay y más dificultad hay para encontrar soluciones comunes. Con este fin, ya el Tratado de Lisboa introdujo el fin, para contadas ocasiones, de la unanimidad (o de lo que es lo mismo, del veto de los estados), pero aún así seguimos viendo que parte de la ineficacia de las instituciones europeas se debe, por tanto, a la falta de poder de decisión propio que mire únicamente por el interés comunitario general.

No estamos ante una novedad. La realidad es que gran parte de la normativa nacional de los estados europeos proviene de manera directa o indirecta de la Unión Europea. Sin embargo, en gran parte de las veces no somos conscientes. 

No somos conscientes porque no se nos explica así, pero también por la gran complejidad que supone explicar el complicado entramado legal e institucional de la Unión Europea. Esta dificultad implica, por ejemplo, que se culpe de manera constante a la UE de todos los defectos de Europa, cuando en grandes ocasiones muchas de las decisiones se toman en el Consejo Europeo, pero no en el Parlamento Europeo, cuando el Parlamento Europeo también forma parte de esta Unión Europea.

Leyes tan comunes para los mortales europeos como nuestras leyes de privacidad y protección de datos; de caducidad de los productos; de contaminación de los vehículos; de la inspección técnica de los vehículos;  de la eliminación del roaming; y un largo etcétera, son todas leyes que tienen su origen en actos legislativos europeos.

La tendencia centralizadora actual de los Estados Miembros, que miran por sus propios intereses pero no por los intereses generales y comunitarios, junto a las continuas crisis europeas que se acumulan ya desde hace años, hacen más que necesario que nunca una transformación a fondo de la actual Unión Europea.

La Unión Europea es la base de mucho de lo disfrutamos en la actualidad. El impacto de esta organización internacional especial sobre la vida de todos los europeos es enorme, no solo en el ámbito económico y empresarial, sino también en el ámbito cultural y en el ámbito de las libertades y derechos humanos.

A cada crisis europea y mundial, nos volvemos a dar cuenta que cuando los Estados miran por su propia cuenta y no lo hacen de manera conjunta con los países vecinos, no llegan a ningún sitio. Los problemas que hoy en día tenemos, y los que tendremos, solo podrán resolverse si los países europeos actuamos de manera conjunta.

 

Legislación europea vs. legislación nacional: un problema de fondo